Acompáñame en un viaje

Historias vividas o imaginadas, historias que veo en la calle, que soñé o que llegan a mí de alguna forma.

Con todo y vértigo…

¿Escribir en 2026?

Lo tengo claro. Aspirar a ser escritor en la época de Instagram y TikTok parece ingenuo, porque ¿hay quien te lea? Cada vez más, todo el contenido que consumimos es en video y, no solo eso, sino que cada vez es más corto y más frenético. Necesito de ti, lector, que aceptes ir a otro ritmo, que imagines –y no veas– la historia que te quiero contar, que quieras acompañarme a mi mundo. ¿Difícil, verdad? Y, sin embargo, a algunos nos da por intentarlo. ¿Por qué?

Mi primera respuesta sería que no puedo evitarlo.

Creciendo en los 90s en Venezuela, nuestras lecturas obligatorias en bachillerato incluían cosas como Cien años de soledad, de García Márquez, o Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. Yo veía a mis compañeros hacer cara de asco y rebuscarse resúmenes para cumplir con la tarea, para salir de eso. En términos actuales: ChatGPT les hubiera hecho la vida muy fácil. Pero yo no solo leí esos libros, me marcaron. Con las pobres habilidades que podía tener a los trece o catorce años, incluso quise imitarlos. Recuerdo haber escrito unos cuentos que querían parecerse a Macondo o al mundo rural de Gallegos, y que ocultaba de mis hermanos –que no eran ñonos como yo.

Cuando quieres contar una historia, o tal vez, cuando una historia quiere ser contada a través de ti, te sientes transportado. De repente, ya no vives en tu realidad, sino que has sido secuestrado hacia otro mundo. Te imaginas los espacios, puedes ver a los personajes en detalle y, sobre todo, sabes lo que va a pasarles. Y si no lo cuentas tú, ¿cómo el mundo va a enterarse de lo que le pasó? Es inevitable.

Una segunda respuesta es que puede ser divertido.

¿A quién no le gusta conocer esa historia de amor de su amigo? ¿O esa pelea entre los vecinos por un secreto doméstico que despierta las más variadas teorías? Desde que se inventó el mundo, se inventaron las historias. Todos disfrutamos enterarnos de las cosas cotidianas o excepcionales que le pasaron a otro y no a uno, quizás porque te gustaría haberlas vivido, o quizás porque te alivia no haber sido tú al que le pasó.

Como escritor, espero ofrecerte una historia como esas, una historia que disfrutes. Espero hacerte reír o llorar, sorprenderte, asustarte o hacerte pensar. Escribo sobre cosas que he vivido o que imaginé, cosas que veo en la calle, cosas que soñé o que llegan a mí de alguna forma. A menudo me sorprendo de que estén ahí esos temas y esos personajes, y me sorprendo más cuando me siento a escribirlos y cobran vida. Me divierto escribiendo estos relatos y creo que tú te puedes divertir también al leerlos.

La tercera razón de porqué intentar ser escritor en 2026 es sencilla: porque sería peor no intentarlo.

Desde aquellos cuentos de mis trece o catorce años, muchas cosas me han “distraído” de mis ganas de escribir. La universidad, los trabajos, las relaciones, la migración, el miedo al éxito y al fracaso, la ansiedad, la autocrítica y el miedo a las opiniones externas han sido algunas de mis razones para procrastinar este sueño durante muchos años.

Lo cierto es que, en 2026, se han dado las condiciones para volver a escribir y recordar porqué me gusta tanto. Creo que escribir es, para mí, una forma de interpretar tanto el mundo como mi interior y de darles sentido. El proceso me da calma y una sensación de estar “donde tengo que estar”. Y, además, he llegado a la edad suficiente para poder mantener a raya –un poquito– a esos monstruos del párrafo anterior. Apenas lo necesario para entender yo mismo que prefiero intentarlo y fracasar, que no intentarlo y pensar qué hubiera sido.

Así que aquí vamos, con todo y vértigo. ¿Me acompañas en este viaje?

Miguel Medina Benítez

Escritor y periodista